La correcta fertilización y óptimo riego son fundamentales para desarrollar y nutrir frutos de calidad. El crecimiento y engorde del fruto depende, entre muchos factores, de la disponibilidad de nutrientes en los árboles o plantas y la capacidad de éste para atraerlo.

Edad del árbol o planta
En los árboles más jóvenes es frecuente que encontremos frutos de mayor tamaño, pero no siempre de la calidad deseada (con corteza gruesa y poco zumo); con la madurez, correcta fertilización, óptimo riego, esto va mejorando.

Desarrollo de las hojas
Para un rápido crecimiento del fruto y hasta antes del alargamiento celular, las hojas a su alrededor son vitales pues ofrecen a través de la fotosíntesis un gran aporte de carbohidratos.

Número de frutos
La regla es clara, a mayor número de frutos, menor tamaño de estos. Por ello, resulta fundamental conocer el número de frutos ideal de cada variedad de árbol / planta y de ser necesario, practicar el “aclareo de frutos” para aumentar el tamaño de los frutos a costa de reducir la cosecha.

Temperatura ambiental
La temperatura ambiental es determinante en la fructificación. Altas temperaturas en su desarrollo inicial influenciará negativamente su crecimiento Pasando esta etapa, el aumento de la temperatura y buena luminosidad, incrementan la fotosíntesis, intensificando la disposición de carbohidratos de la planta, reduciendo el tiempo entre la floración y la maduración. Por otro lado, con bajas temperaturas en la maduración del fruto, éste se verá influenciado en forma indeseada para su desarrollo final.

Disposición de agua
El óptimo riego frecuente aumenta el tamaño del fruto y reduce la concentración de azúcares, sin embargo, un exceso de humedad en el suelo disminuye los sólidos solubles del zumo.

Composición del suelo
Por regla general, los suelos arcillosos ofrecen un fruto más pequeño que los suelos francos o arenosos. La disposición de ácidos solubles en el suelo influye en la cantidad de pulpa y la concentración del zumo, a la vez que afecta a su tiempo de maduración.

Fertilización adecuada
El tamaño y la calidad del fruto dependen de la disposición de los elementos minerales de los que disponga la planta. Es muy importante corregir las diferentes carencias que detectamos, pero hay que tener en cuenta que si bien con estas aplicaciones conseguiremos un mayor crecimiento de la planta y un impulso para los frutos, por sí solos no producirán un aumento en el tamaño de los frutos. Es importante remarcar que una vez que hayamos conseguido corregir estas carencias (sobre todo las de fósforo y nitrógeno) no mantener su aplicación, ya que su exceso afecta negativamente al tamaño y la calidad de la cosecha. No ocurre lo mismo con el potasio, ya que una buena concentración del mismo, consigue engordar el fruto sin afectar a su calidad final. Es recomendable la aplicación de potasio en los meses estivales, pero siempre después de la floración.

 Otro punto fundamental para una buena cosecha es no descuidar la existencia de carencias de magnesio, ya que su falta dificulta a la planta llevar a cabo los procesos  fundamentales para el crecimiento de los frutos. Un buen plan de fertilización y su aporte gradual es siempre mucho más efectivo que aplicaciones puntuales.

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