Cuando vamos al supermercado es difícil imaginar que pudiera suscitarse una hambruna, con tantas opciones de alimentos, la idea parece descabellada. Pero si lo pensamos bien, el tiempo que se lleva una planta en crecer y darnos frutos parece demasiado cuando somos más de 7 mil millones de personas en el mundo esperando alimentarnos (al menos) tres veces al día, todos los días.

De hecho, uno de los mayores retos que hemos enfrentado como humanidad ha sido proveernos suficientemente de alimentos, pues durante mucho tiempo padecimos carestías, hasta principios del siglo XX, cuando los alemanes Fritz Haber y Carl Bosch descubrieron una forma de tomar el nitrógeno del aire y cohesionarlo con hidrógeno, produciendo amoniaco, el componente principal de los fertilizantes. El hallazgo salvó a la población mundial, pues el uso de abonos en los campos de cultivo dio como resultado cosechas de alto rendimiento, lamentablemente comenzó a suceder un uso indiscriminado de estos, lo que ha provocado una alarmante contaminación de las aguas y el medio ambiente en general.

De acuerdo con un estudio del Centro de Ecología e Hidrología del Reino Unido, solo se aprovecha el 20% del nitrógeno contenido en los nutrientes sintéticos, pues el 80% restante se desperdicia y se pierde. Ahora bien, gracias a diversas investigaciones, sabemos que el nitrógeno excedente se traslada por medio del agua de lluvia que escurre de un terreno, acabando en ríos, lagos y mares. 

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En definitiva, la vida está hecha de polaridades, existe la luz y la oscuridad, siendo ambas necesarias. El uso de abonos vino a salvar las demandas alimenticias, pero también ocasiona serios problemas de contaminación, poniendo en jaque a muchos hábitats. La realidad es que necesitamos nutrir nuestros campos de cultivo, de otra manera, sería imposible lograr satisfacer la alimentación mundial y el sector entraría en crisis paulatinamente, entonces, una solución adecuada radica en el uso consciente de los recursos. Es sabido que en países como China, se acostumbra saturar al campo con grandes cantidades de fertilizantes, cuando no todo se aprovecha y cada plantación es diferente, por lo cual, se requieren distintas cantidades de nutrimentos. Además, existen técnicas para retener el flujo del agua de lluvia y el arrastre de sedimentos que provocan, evitando que lleguen cantidades sobradas de nitrógeno a nuestras aguas. Es decir, “la dosis hace al veneno”, como lo dijera Paracelso en sus discursos sobre el consumo de medicamentos. 

Temperatura ambiental
La temperatura ambiental es determinante en la fructificación. Altas temperaturas en su desarrollo inicial influenciará negativamente su crecimiento Pasando esta etapa, el aumento de la temperatura y buena luminosidad, incrementan la fotosíntesis, intensificando la disposición de carbohidratos de la planta, reduciendo el tiempo entre la floración y la maduración. Por otro lado, con bajas temperaturas en la maduración del fruto, éste se verá influenciado en forma indeseada para su desarrollo final.

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Referencias:

Harford, T., y Crighton, B. (03 de diciembre de 2016). Cómo el químico alemán Fritz Haber le dio y le quitó la vida a miles de personas. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/noticias-38107124
National Geographic España. (01 de abril de 2016). Un planeta fertilizado. https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/grandes-reportajes/un-planeta-fertilizado-2_7203
ONU Programa para el medio ambiente. (09 de noviembre de 2020). Fertilizantes: desafíos y soluciones para proteger nuestro planeta. https://www.unep.org/es/noticias-y-reportajes/reportajes/fertilizantes-desafios-y-soluciones-para-proteger-nuestro-planeta

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